La organogénesis

Fecha de publicación

noviembre, 2025

NotaCompletar esta clase te permitirá:

CN.B.5.4.12. Analizar la fecundación humana, concepción, el desarrollo embrionario y fetal, parto y aborto, y explicar de forma integral la función de la reproducción humana.

Profesor: Marcelo Amores Palma

¿Te has preguntado alguna vez cómo, a partir de una sola célula, surge un ser humano completo, con corazón, cerebro, sentidos y emociones? La gestación humana es uno de los procesos biológicos más fascinantes y precisos de la naturaleza. Dura alrededor de nueve meses, un tiempo en el que el cuerpo de la madre y el del embrión trabajan en una sincronía perfecta. En este periodo se forma la placenta, se ajustan las hormonas y el útero se convierte en un ambiente ideal para el desarrollo del nuevo ser.

Comprender cómo se inicia la vida, cómo se nutre, crece y se prepara para el nacimiento, no solo nos acerca a la ciencia de la biología, sino también al valor de la vida y la responsabilidad que implica cuidarla.

Pero más allá de la biología, surge una pregunta profunda: ¿cuál es la mejor manera de crear vínculos entre los padres y su bebé? La ciencia ha demostrado que el apego comienza mucho antes del nacimiento, a través de la voz, las emociones y el entorno materno. Entender este lazo biológico y afectivo nos permite mirar la reproducción humana no solo como un proceso fisiológico, sino como una experiencia integral donde la ciencia, la salud y la empatía se entrelazan.

A la tercera semana de desarrollo ocurre el proceso de neurulación, cuyo objetivo es la formación del tubo neural, a partir de células ectodérmicas; esta estructura madurará para originar el sistema nervioso central.

También, desde este momento, va creciendo la placenta, que está unida al embrión por medio del cordón umbilical. Esta estructura se forma a partir del endometrio de la madre y de las prolongaciones que emite el corion del embrión, ya desde el momento de la implantación. La placenta, además de mantener vivo al embrión, se encarga de secretar estrógeno y progesterona, dos hormonas esenciales para mantener la gestación y preparar a la madre para el momento del parto y la lactancia.

A continuación sucede lo que se conoce como morfogénesis u organogénesis, porque se encarga de formar todos los órganos del cuerpo, partiendo de las tres capas germinales.

El corazón empieza a latir aproximadamente a los veintidos días de desarrollo y todos los sistemas del cuerpo ya están esbozados en la octava semana. Es ahora cuando el embrión pasa a llamarse feto.

A la izquierda se ve el proceso en un corte transversal y a la derecha consta el dibujo de cómo se vería el disco embrionario desde arriba.

Crecimiento fetal

Entre el segundo y el tercer mes de embarazo se forman los dedos de los pies, los glóbulos rojos, se desarrollan los párpados y el cerebro se hace más complejo.

Al tercer mes, los genitales empiezan a crecer, aunque todavía es difícil determinar el sexo del feto. Este crece hasta alcanzar siete centímetros, por lo que el vientre de la madre empieza a aumentar su tamaño. En esta etapa ya se notan sus primeros movimientos.

El primer trimestre de gestación es fundamental para el correcto desarrollo del nuevo ser, pues en esta etapa hay gran sensibilidad a cualquier agente teratogénico, como, por ejemplo, drogas, tabaco y alcohol, que suelen causar malformaciones y abortos espontáneos.

La teratogénesis es la malformación de cualquier órgano durante el desarrollo embrionario.

Ya en los siguientes tres meses el tamaño del cuerpo se incrementa; hay un mayor desarrollo del cerebro, del sentido del oído, y de la percepción de la luz; aparecen pelo, uñas y huellas dactilares. Los movimientos del feto se hacen más perceptibles. El resto de órganos crece, y páncreas e hígado se vuelven funcionales.

En el último trimestre ocurre especialmente la maduración de los órganos. Ya desde el séptimo mes, el feto podría sobrevivir en caso de un parto prematuro. Los órganos de los sentidos y los pulmones van completando su desarrollo. Se adquiere una capa de grasa bajo la piel que permite mantener la temperatura corporal, el pelo empieza a reemplazar la capa de vello fino, conocido como lanugo, que cubría todo el cuerpo. Hacia el final de la gestación, a las cuarenta semanas, el feto alcanza el tamaño aproximado de cuarenta y cinco centímetros, pesa tres kilos, en promedio, y se acomoda con la cabeza en dirección a lo que será el canal del parto.

El momento del parto

A la par del desarrollo del feto, el cuerpo de la madre se alista para el momento del nacimiento. Sus caderas se han ido ensanchando y sus glándulas mamarias están listas para producir leche.

La señal requerida para que se desencadene el proceso del parto parece ser la combinación del tamaño del feto y las hormonas producidas por madre e hijo, que ya semanas antes hacen que se produzcan ligeras contracciones uterinas. La cabeza del bebé presiona contra el cuello del útero (cérvix), lo que provoca que se dilate progresivamente y las contracciones uterinas se incrementan en intensidad y frecuencia, gracias a la acción de dos hormonas: la prostaglandina y la oxitocina. Cuando el cérvix alcanza diez entímetros de dilatación, la madre experimenta instintivamente la necesidad de contraer sus músculos pélvicos con fuerza (pujar) y el bebé atraviesa el canal del parto, con lo que se desencadena la liberación de una oleada de oxitocina que no se vuelve a experimentar en otras circunstancias. Minutos después, el útero vuelve a contraerse, esta vez para permitir la expulsión de la placenta; las prostaglandinas del cordón umbilical hacen que sus vasos sanguíneos dejen de funcionar y es el momento en el que se lo puede cortar. Ha concluido el proceso de parto y empieza la aventura de la vida.

El parto normal es un proceso doloroso pero necesario para liberar las hormonas que refuerzan el lazo de amor entre madre e hijo, y para su correcto desarrollo cerebral.

Competencia matemática. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa ideal de cesáreas debe ser del quince por ciento. No obstante, en la mayoría de los países de la región, el índice supera al veinte por ciento.

Interdisciplinariedad. Desarrollo cerebral y Música. Son varios los estudios que corroboran una directa relación entre un mayor desarrollo de las capacidades intelectivas en bebés que han sido expuestos a música clásica desde el vientre materno. Whitwell (mil novecientos noventa y nueve) señala que, además del conocido efecto Mozart sobre el desarrollo de la inteligencia matemática y espacial, canciones de la madre al feto le permiten estar preparado para aprender rápidamente los patrones de entonación y la frecuencia del lenguaje relativo a su cultura. De ahí la importancia de las canciones de cuna.


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