La diversidad a nivel de especies

Fecha de publicación

enero, 2026

NotaCompletar esta clase te permitirá:

CN.B.5.1.9. Analizar los tipos de diversidad biológica a nivel de genes, especies y ecosistemas, y plantear su importancia para el mantenimiento de la vida en el planeta.

Profesor: Marcelo Amores Palma

La vida en la Tierra no es solamente un inventario estático de seres vivos, sino un sistema dinámico que se organiza, se adapta y evoluciona. Cada gen que varía, cada especie que interactúa y cada ecosistema que se transforma constituye una pieza de un entramado complejo que sostiene los flujos de materia y energía del planeta. Cuando se observa un paisaje andino, un manglar o una isla oceánica, no se está viendo solo “naturaleza”, sino el resultado de millones de años de historia evolutiva y de relaciones biológicas finamente ajustadas. Comprender por qué existen tantas formas de vida diferentes, cómo se originaron y qué papel cumplen en el equilibrio de los biomas permite analizar con criterio científico las decisiones humanas que hoy influyen directamente en su conservación o degradación.


La diversidad específica se refiere al número total de especies diferentes que se encuentran en un ecosistema determinado y que han sido fruto del complejo y largo proceso de evolución y especiación. No están allí por casualidad. Más bien, se han ganado su lugar después de establecer relaciones de interdependencia con muchos otros organismos. Su disminución y, peor aún, su extinción, tiene impactos impredecibles sobre el medio y, a la larga, también afecta a la propia supervivencia de los humanos. Cada especie es irremplazable pues se ha adaptado a cumplir con una función específica en su medio, tras interacciones que la han transformado durante miles de millones de años. Este rol que cumple cada especie en su medio es lo que se conoce como nicho ecológico.

La importancia de preservar la biodiversidad del planeta y de países tan privilegiados como el Ecuador va mucho más allá de un ideal romántico o del deber ético de respetar a la naturaleza. Se trata de una lucha por defender los procesos ecológicos equilibrados, lo cual repercute en todo, incluso en los fenómenos físicos que experimentamos. Esta lucha permite contar con los recursos suficientes. Se trata, en fin, de la lucha por nuestra propia supervivencia, como una especie más de las tantas que lleva marcada en sus genes toda la historia evolutiva, desde el primer ser con vida. No es una elección, es nuestro deber.

En el Ecuador se están descubriendo nuevas especies casi todos los días, pese a que la destrucción de sus hábitats también es acelerada, sobre todo en los sitios que albergan bosques biodiversos y únicos en el mundo.

Reconocer el estado natural de las poblaciones y de una especie y los riesgos que enfrenta se hace cada vez más necesario, y permite que las personas que luchan por su conservación se esfuercen más por proteger a los individuos y fomentar su reproducción.

La diversidad de los ecosistemas

Esta se ve favorecida por condiciones ambientales variadas y la cantidad de interrelaciones que puedan surgir con los organismos que se adapten a estas condiciones. En nuestro país, pese a su reducido tamaño, hay una gran variedad de ecosistemas importantes.

Poseemos un Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), cuyo fin es preservar la mayor cantidad de estos ecosistemas y permitir su conectividad, de tal forma que las especies que encuentran refugio en ellos, después de que sus hábitats naturales han sido afectados o fragmentados, gocen del mayor flujo genético posible. Esto busca garantizar la supervivencia de dichas especies, pero además permitir la continua producción de los servicios ambientales que los ecosistemas prestan y que son vitales para la estabilidad del planeta y de los seres que lo habitamos.

Entre estos servicios ambientales se cuentan la provisión de agua dulce, pues, por ejemplo, en la vegetación de los páramos se retiene momentáneamente el producto de los deshielos de los nevados y el agua fluye lentamente hacia el subsuelo o se reúne progresivamente hasta formar los riachuelos que descienden a ecosistemas que están más abajo, sin erosionar los suelos. El agua que se recoge de los deshielos de los Andes, gracias a los páramos, es la principal fuente de agua para las ciudades de la Sierra y también afluentes de los ríos de la Costa y la Amazonía.

Consecuencia del deterioro de los ecosistemas

La escala de afectación que se produce cuando las dinámicas de un ecosistema se alteran abarca los otros dos niveles de diversidad. En otras palabras, la diversidad genética y de especies que se encuentran en estos sitios también correrá peligro.

Cada ecosistema cuenta con una cierta capacidad de resiliencia, que le permite adaptarse a los cambios que se producen en él. Una y otra vez los organismos que lo conforman hacen ajustes que les permiten sobrellevar un cierto nivel de contaminación, de ruido o de alteraciones climáticas, por citar algunos ejemplos.

Pero si las causas persisten o el daño sobrepasa esa capacidad de resiliencia, el ecosistema se altera irremediablemente y sus habitantes son condenados a muerte o deben migrar a otros sitios para poder sobrevivir.

Cuando un organismo desaparece, lo que primero se afecta son los eslabones de la cadena alimenticia que están directamente relacionados con este ser.

Supongamos que la cacería acaba con un depredador; los organismos de los que se alimentaba, y que ahora están a salvo, podrán incrementar su población y, consecuentemente, su propio consumo de comida, causando un impacto sobre las poblaciones de otras especies con las que compite o que le sirven de alimento. Si esta situación se prolonga o es definitiva, incluso las condiciones físicas del ecosistema se verán afectadas. El clima, la disponibilidad de agua, la fertilidad de suelos alterados pueden conducir a una irreversible desertificación de ese lugar.

Este ejemplo ficticio no es lejano, pues ya ha sucedido en ciertas localidades de provincias como Loja y Manabí, cuyos pobladores han tenido que migrar para encontrar nuevas formas de subsistencia. También la pérdida de los servicios ambientales que prestaba ese ecosistema se sentirá más allá del ámbito local, y afectará tanto a la vida silvestre como a la humana.

Interdisciplinariedad. Biología y Biorremediación. La biotecnología aporta a la recuperación de hábitats alterados por derrames petroleros y, con esto, a la recuperación del ecosistema mediante la aplicación de organismos que son capaces de limpiar la zona afectada, tras alimentarse de los hidrocarburos.

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