Taxonomía y relaciones evolutivas

Fecha de publicación

noviembre, 2025

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CN.B.5.1.8. Indagar los criterios de clasificación taxonómica actuales y demostrar, por medio de la exploración, que los sistemas de clasificación biológica reflejan un ancestro común y relaciones evolutivas entre grupos de organismos, y comunicar los resultados.

Profesor: Marcelo Amores Palma

El mundo vivo parece un mosaico infinito: desde un colibrí que flota en el aire hasta una ballena que recorre los océanos, o desde un helecho diminuto hasta un ceibo gigantesca. Ante tanta diversidad, surge una pregunta esencial: ¿cómo logramos entender y organizar esta inmensidad biológica?

Durante siglos, las personas intentaron clasificar a los seres vivos según su utilidad, comestibles, peligrosos, medicinales, bellos, pero ese método era subjetivo y limitado. La ciencia, en cambio, propuso algo más ambicioso: buscar el parentesco entre los organismos, las huellas que revelan su ancestro común. Así nació la taxonomía, un sistema universal que ordena la vida basándose en evidencias anatómicas, genéticas y evolutivas.

Imagina una gran familia de millones de miembros en la que cada ser vivo tiene un lugar exacto, determinado por su historia evolutiva. Entender cómo se organiza esa familia es comprender el lenguaje oculto de la biodiversidad y descubrir que todos compartimos un mismo árbol de la vida.

Del dominio a la especie

La ciencia que estudia la clasificación de los seres vivos es la taxonomía (taxis es ordenación y nomía, reglas). Cada grupo de características comunes que se considera se llama taxón (en plural, taxa). Existe una jerarquía de taxa que va desde el dominio hasta la especie.

Hay tres dominios que agrupan a los seres de acuerdo con el tipo de células que poseen.

Así, en el dominio Bacteria están los organismos procariotas y unicelulares que habitan en todos los ambientes. Al dominio Archaea (se pronuncia arquea), pertenecen también organismos unicelulares y procariotas, pero que se caracterizan porque sus reacciones bioquímicas son diferentes a las de las bacterias y por habitar en ambientes con condiciones ambientales extremas, como, por ejemplo, la ausencia de oxígeno o altísimas temperaturas. Por último, en el dominio Eukarya, están el resto de organismos, que se caracterizan por tener células eucariotas.

El primer paso para identificar una especie es su colección y el estudio detallado de su morfología, es decir, la forma y estructura de sus organismos. En la imagen se aprecia una impresionante réplica de un mastodonte, un antiguo pariente de los elefantes que habitó en lo que hoy es Ecuador hace aproximadamente entre 10 y 20 mil años. Con tres metros de altura y cinco metros de largo, este ejemplar representa uno de los fósiles más grandes que posee el país.Te invitamos a realizar un viaje en el tiempo y descubrir a este gigante del pasado en las salas de exhibición del Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO), donde se conserva parte fundamental de nuestro patrimonio natural.{fig-scapMastodonte INABIO=“” fig-align=“center”}

Los dominios agrupan a los reinos. Los organismos eucariotas se clasifican en los siguientes reinos

Protista

Al cual pertenecen los protozoos y algas, organismos en su mayoría unicelulares, que viven en ambientes acuáticos o de mucha humedad. Un ejemplo son las amebas que parasitan el tracto digestivo de algunos animales, y los microorganismos que observamos con la ayuda del microscopio en las gotas de agua estancada.

Fungi

Es el reino al que pertenecen los hongos, mohos y levaduras, que no son plantas, (pues no pueden hacer fotosíntesis) ni tampoco animales (ya que no se movilizan como estos ni sus células son iguales). Las células se adaptan a formas de vida saprófitas o parásitas, como detallamos en la anterior unidad.

Los saprófitos son organismos que se alimentan de la materia orgánica que descomponen.

Plantae

Es el reino de los organismos pluricelulares fotosintéticos.

Animalia

Es el reino de aquellos seres pluricelulares que deben alimentarse de otros y generalmente pueden movilizarse (con pocas excepciones).{fig*scap=“Animalia” fig-align=“center”}

Cada reino se subdivide en numerosos filos, estos, a su vez, en clases, en las cuales se agrupan los órdenes y sucesivamente las familias, géneros y especies.

Esto rige para todos los organismos, a excepción de las plantas, que tradicionalmente se clasifican en una categoría equivalente llamada división. En la taxonomía moderna, sin embargo, se prefiere emplear el término filo para todos los grupos biológicos, aunque división sigue siendo válido en botánica.

Como se evidencia, al conocer la clasificación de un organismo se puede determinar con qué otros organismos se emparenta e incluso establecer cuál es su ancestro común.

El sistema binomial de clasificación

La gran diversidad de especies en el planeta, más las frecuentes confusiones originadas por los nombres comunes que se repiten de una región a otra, hizo evidente la necesidad de contar con un sistema de clasificación estandarizado, que fuera reconocido y respetado por toda la comunidad científica. Luego de varios intentos fallidos, posteriores a los esfuerzos de Aristóteles, el sueco Carlos Linneo ideó el sistema de nomenclatura binomial que, con ciertas modificaciones, sigue siendo utilizado hasta la actualidad.

El nombre científico de una especie, como habrás visto con anterioridad, consta del nombre del género y de su epíteto específico, por eso es binomial, como el nombre y apellido de una persona. Son nombres latinizados que resaltan el lugar de donde viven, alguna característica física o el nombre de alguna persona a quien se quiere honrar. Las convenciones establecidas exigen que la letra inicial del género se escriba con mayúscula y todas las letras de la especie, con minúscula. Si se lo escribe a mano, tendrá que subrayarse por separado cada palabra; y si el nombre es impreso, debe ir en letras itálicas (o cursivas ).

Cada especie tiene un solo nombre científico, pero se da el caso de especies muy relacionadas que comparten el mismo género. Por ejemplo, dentro del género Solanum están la papa, Solanum tuberosum, o el tomate, Solanum lycopersicum, entre otras. Cuando se habla de las características en común de las especies agrupadas en tales géneros, se escribe lo siguiente: Solanum spp., (especies plurimas).

Por otro lado, si se observa, por ejemplo, Monnina sp. (un género de plantas silvestes conocidas comunmente como “iwilán”, a las que resulta difícil identificar a nivel de especie), eso significa que no se conoce la especie porque es muy difícil distinguirla de otras similares o porque todavía no cuenta con la publicación de su descripción científica.

El nombre científico del cacao es Theobroma cacao L. El nombre de su género significa bebida de los dioses y la L. al final reconoce que quien describió a la especie fue Linneo.

Relaciones evolutivas entre diferentes taxa

Además de posibilitar la identificación inequívoca de cada especie, la taxonomía permite deducir el grado de relación evolutiva que existe entre las diferentes taxa. Así, organismos clasificados dentro del mismo género o familia presentan muchas similitudes, lo que incluso permite obtener híbridos entre ellos. En plantas, los híbridos son mucho más frecuentes que en animales e incluso promueven la especiación. Por otro lado, taxa alejadas (como por ejemplo órdenes o filos) pueden presentar pocas características comunes.

Las mulas son híbridos infértiles que resultan del cruce entre una yegua Equus ferus caballus y un burro Equus africanus asinus. Este tipo de cruce presenta vigor híbrido, es decir, una combinación de cualidades de ambos progenitores que produce un individuo con mayor fuerza, resistencia o rendimiento físico que cualquiera de las especies parentales.

Interculturalidad. Por mucho tiempo, en el Ecuador, los idiomas oficiales de las especies animales y vegetales han sido el español (uso popular) y el latín (uso científico). Las lenguas nativas, como el quichua, no se consideran en el desarrollo o la enseñanza de las ciencias. Es importante conocer los nombres de especies importantes en esa lengua, y también saber sobre sus usos ancestrales; así integramos el lenguaje científico a la sabiduría y la cosmovisión andinas.


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